SOBRE NOSOTRAS
El alma pide calma.
La calma pide alma.
De ahí nacemos.
Hace unos meses según el calendario, y media eternidad según nuestra traicionera memoria, dos amigas nos encontrábamos lamentando la pérdida de nuestro querido Robe, cantante de Extremoduro y banda sonora de gran parte de nuestra vida. Estábamos inmersas en momentos de una vulnerabilidad no deseada, aunque más tarde agradecida, y entre paseos por la naturaleza, volver a los tiempos de nuestra adolescencia al recordar a Robe fue el pretexto ideal para reflexionar acerca de la brevedad de la vida, como siempre se hace tras el impacto de una muerte joven.
Nos dimos cuenta de que, pasados los cuarenta, pudimos encontrar algunas respuestas por el camino, pero las preguntas se multiplicaban con cada arruga que íbamos coleccionando. Sin embargo, también supimos ver que las preguntas iban siendo cada vez más adecuadas, incómodas, útiles. Nos gustan los datos y las historias, conversar y escuchar, oír y leer, compartir y encontrarnos en la soledad; las teorías reveladoras aceptadas y los locos que se atreven a plantear cosas que nos vuelan la cabeza.
Desde ahí empezamos a entrever, con bastante claridad, que podríamos, sin avergonzarnos, aceptar que sí, que objetivamente nos va bien la vida, que cumplimos con lo que se nos pedía, pero que, sin embargo, nos angustiaba pensar que eso era todo. ¿Éramos felices con nuestros trabajos? ¿Sentíamos que estábamos siendo coherentes en todos los aspectos de nuestras vidas? ¿Cumplíamos algún propósito que colmara de sentido cada uno de los días vividos? ¿Habíamos conseguido reconocer nuestros dones y sentirlos como aquellos que se nos dieron para ponerlos al servicio? Las respuestas, a menudo, nos inquietaban.
Somos laotongs, un término chino que viene a significar algo así como espíritus hermanados: una conexión emocional, espiritual y de lealtad profunda entre mujeres. Decidimos abrir bien los ojos para no dejar pasar ninguna señal de las que iban apareciendo por el camino como por arte de magia. Y desde ahí se fraguó el proyecto cuyo inicio tienes ahora entre tus manos. No sabemos a dónde va, ni nos importa. Tuvimos el fuerte impulso de crear un espacio donde quepamos todos los que puedan sentirse como nosotras.
Adoramos las letras, las palabras, y disfrutamos también de darle la vuelta a cada cosa, de cuestionarla desde distintos prismas, de decidir si la creemos. Estamos rodeadas de un sinfín de personas conocidas a quienes admiramos, que tienen algo que decir, dan la cara por hacerlo, y lo hacen desde la humildad de saber que cumplen con su propósito comunicando. Estas son las personas que en este número colaboran y son también las que colaborarán en los siguientes. Estamos convencidas de que tú, lector, vas a coincidir en esto.
Nace un otoño, como debe ser para toda colección, porque C’alma, más allá de ser una revista, es información y es emoción. No importa si se lee hoy, o la lee tu yo del mañana. Debe guardarse cerca, porque probablemente encontrarás en ella lo que en algún momento necesites. ¿Acaso no es cíclica la vida? ¿Acaso no tiene todo su momento oportuno?
El otoño nos invita a una pausa tras la energía del verano, a la introspección y al desapego. Saber soltar, como hemos puesto en el título de este número, es todo un arte: dejar ir aquello que ya no nos sirve, comprender qué le pasa a nuestro cuerpo cuando quedan reprimidas las emociones, entender la impermanencia de la que habla el budismo zen, reflexionar acerca de lo difícil que es dejar atrás relaciones amorosas, observar lo que la naturaleza nos muestra, descubrir que las células de nuestro cuerpo saben bien de qué va esto, explorar qué herramientas nos pueden ayudar a soltar una vez hemos descubierto que necesitamos hacerlo. Esto y más es lo que te va a acompañar, con calma, durante la estación de tonos ocres.
Deseamos que te apetezcan los ratos de lectura sin ruido que te ofrecemos, lejos de las prisas y los destellos de las pantallas que compiten por tu atención. Tanto, que estés impaciente por empezar el invierno leyendo C’alma al lado del fuego con una taza caliente en las manos, la primavera disfrutando la revista al cobijo de los agradables rayos de sol, y el verano leyendo bajo una sombra relajada cerca del agua.
La palabra calma fue la castellanización de la palabra latina cauma, proveniente de la voz griega kauma. Significaba inicialmente la ausencia de viento, que para los marineros suponía un calor abrasador. Así que estar en calma era una situación cuando menos incómoda. Más adelante este significado se fue suavizando o evolucionando hasta llegar a lo que nos transmite hoy la palabra calma, que, aunque solo es una de sus acepciones, lo primero que nos evoca es paz y tranquilidad. Nosotras, como la expresión, hemos experimentado estos cambios y desde las situaciones difíciles, supimos transformarnos sin perdernos, hacia un camino cada vez más ligero, con menos peso.
Gracias desde aquí al equipo que ha hecho posible arrancar un sueño, a las personas que han colaborado escribiendo para este número —sin ellas esto no tendría sentido—. Y gracias a ti, que estás aquí, por participar en esta aventura, que ya no es solo nuestra.
Esther & Mª Alba
Mª Alba
Cofundadora de C’alma
Desde pequeña me ha fascinado observar la naturaleza: el orden silencioso de un panal, la simetría exacta de una hoja, la suave caída de un copo de nieve… Tanta belleza en un sistema que se sostiene solo, sin que nadie lo dirija, cada cual cumpliendo su función y contribuyendo así a que todo esté en perfecta armonía.
Me gusta estar atenta a las señales que me muestra la vida, a esas casualidades que no lo son tanto. Confío en que la vida te guía hacia aquello que está hecho para ti, que solo hay que saber escucharla y dejarse llevar sin forzar el camino. Así llegó C’alma a mi vida, en el momento preciso.
Esther
Cofundadora de C’alma
Todavía no sé responder a la pregunta de quién soy. Madre, hija, compañera, amiga… soy todas esas cosas y ninguna. He pasado cuarenta y tantas primaveras intentando descubrir qué me aporta este mundo que a veces no comprendo. Pero una noche oscura del alma me hizo entender, que al menos a estas alturas, la pregunta es más bien qué le aporto yo al mundo. Y desde el espacio que surgió de un vacío con tintes de desesperanza pasajera, nace la semilla de C’alma. Un proyecto que simplemente buscó quién quisiera acunarlo, y me encontró a mi.